Discusiones de ayer, hoy y siempre
El dramaturgo y guionista norteamericano Neil Simon atesora más de 70 nominaciones a los premios Tony, de los que ha ganado tres. Obtuvo el Pulitzer por su pieza Perdidos en Yonkers y actualmente está considerado uno de los autores más rentables de Broadway. Uno de sus éxitos indiscutibles y quintaesencia de su lenguaje, tan dado a retratar la vida cotidiana de los norteamericanos, es Descalzos por el parque, una obra sencilla sobre las complicaciones de la pareja, inspirada en sus primeros días de matrimonio y que siempre regresa a los escenarios con éxito, apoyada principalmente por la recordada adaptación al cine que, en 1967, protagonizaron Robert Redford y Jane Fonda.
El filme se estrenó sólo cuatro años después de que hiciera lo propio la versión teatral en el Baltimore de Nueva York; allí Simon se anotó el primer éxito multitudinario de su carrera con las 1.530 representaciones del alabado montaje realizado por el veterano Mike Nichols y que también protagonizaba el entonces jovencísimo galán Robert Redford.
Desde aquel momento, y hasta ahora, son muchas las adaptaciones que se han hecho en todo el mundo. España se apuntó pronto: en 1965 conoció una versión dirigida por Luca de Tena. A Broadway volvió en 2006, con Patrick Wilson, Amanda Peet y Jill Clayburgh, pero las reseñas fueron tibias, aduciendo que el planteamiento estaba muy lejos de nuestro tiempo y que los chistes habían caducado.
Este es el escollo que deberá sortear desde esta semana Pep Antón Gómez, que la ha montado para Vania Productions en el Teatro Lara de Madrid, con Jorge Sanz y Rosa Boladeras como la pareja en conflicto, y Magüi Mira como la suegra incordio. Descalzos por el parque narra la historia de un flechazo de amor y sus consecuencias. Un abogado tranquilo y ordenado se casa con una chica alegre, alocada y espontánea que acaba de conocer.
Pasan la luna de miel encerrados y felices haciendo el amor en un hotel de lujo, pero a los seis días inician su vida en común en un minúsculo apartamento de Manhattan, en un quinto piso sin ascensor ni ventanas y asediados por los ácidos comentarios de la madre de ella, lo que conduce rápidamente a la decepción y la crisis.
Ella descubre que él no es tan divertido como creía, que hasta tiene reparos en irse a pasear descalzo por el parque en pleno invierno y que no se permite soñar. Él, a su vez, empieza a pensar que ha sido un error haberse precipitado. Largas discusiones con ingeniosos diálogos son la base dramática de esta comedia agridulce que, 45 años después, intenta seguir filtrando hacia la platea su contundente tesis: una cosa es el amor y otra distinta la convivencia.
En el Teatro Lara. De miércoles a domingo. www.teatrolara.com


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