Adiós al Hombre-anuncio y al Repartidor de Octavillas
El próximo año desaparecerán del paisaje urbano madrileño los conocidos carteles vivientes que pululan por la calle arenal o preciados, y los farolillos humanos que desde las esquinas reparten octavillas.
Unos dedicados al negocio del oro, otros ofreciendo la mejor oferta gastronómica de bufete libre o los placeres carnales de un garito encubiertos en masajes y relax, pasarán a mejor vida sumando unos pocos más parados a la lista.
Sin duda es un trabajo un poco cutre, pero trabajo al fin. Su legalidad en cuanto a contratos y salarios es algo que desconozco, pero es profesión laboral o costumbre desde el siglo XIX en Europa y América.
Nuestro Alcalde prohibirá esta actividad por considerarla “vejatoria y degradantes” y añade “Nos parece que obligar a alguien a soportar esos carteles y transitar por las calles ataca la dignidad de las personas. No lo prohibimos sólo por razones estéticas, sino porque el Ayuntamiento no debe promover esas conductas. Y puedo asegurar que quien será sancionado ante esta situación no será el hombre-anuncio”, que es la persona a su juicio “vejada por estar sometida” a ese trabajo, sino “la empresa anunciadora, que es la responsable”.
Estas prohibiciones están recogidas en la ordenanza municipal que regula la publicidad urbana, que además afectará a los carteles luminosos y a los vehículos que llevan publicidad. Afectará esto a Madrid Visión?
Por poner un ejemplo, aunque las siguientes imágenes sean más estéticas, no deberían ser igual de vejatorias y degradantes?




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