El Motín de Esquilache (Madrid-1766)

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Yo, el gran Leopoldo Primero,

marqués de Esquilache augusto,

rijo la España a mi gusto,

y mando en Carlos III.

Hago en los dos lo que quiero,

nada consulto ni informo,

a capricho hago y reformo,

a los pueblos aniquilo,y el buen Carlos, mi pupilo,

dice a todo: “¡Me conformo!”

Así decía la décima que circulaba por la villa de Madrid, inspirada en la absoluta falta de taco del ministro Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache.

El bando aparecido el 10 de marzo de 1766, ordenaba que se llevase capa corta (“que le falte al menos una cuarta para llegar al suelo”) y sombrero de tres picos, fue la excusa y no la causa, para dar rienda suelta al famoso motín.

El malestar general por la carestía del pan y de todos los alimentos, la ocupación de los principales cargos del gobierno por extranjeros, las intrigas de la nobleza y la creciente pérdida de influencia por parte del cuerpo eclesiástico, fomentaron el episodio que así se relató en su tiempo:

Motin_en_PlazaMayor.jpg23 de marzo de 1766 – “De palos ha sido en Madrid este Domingo de Ramos. Serían las cinco de la tarde cuando un embozado se paró en el cuartelillo de Inválidos de la plazuela de Antón Martín, en actitud clara de desafío. “¿No sabe la orden que ha dado su majestad?”, le advirtió el oficial que mandaba la guardia. “Sí -replicó_, y no me da la gana obedecer.” Tiró de su espada el oficial, sacó el embozado el arma que escondía, salieron del cuartelillo algunos soldados en ayuda de su jefe, silbó el de la capa y de todas las calles afluyeron paisanos que desarmaron a los soldados y se fueron, calle Atocha arriba, gritando: “¡Muera Esquilache! ¡Viva el rey! ¡Vivan los españoles!”.

Y así comenzó todo. Los incendios de Lavapiés, la toma de la mansión de Esquilache, llamada Casa de las Siete Chimeneas (ver más abajo) y de la casa de Grimaldi. La Plaza Mayor era un hervidero de masas enardecidas.

En una taberna de la conocida calle de Amor de Dios se encontraba el “estado mayor” que dirigía la revuelta.

CIII.jpgEl ejercito se esconde. Carlos III debe refugiarse en Aranjuez y el marqués de Esquilache huye a Cartagena, camino del exilio. Ya en Italia, será nombrado embajador de España en Venecia.

En esos momentos de crispación corre peligro la Corte de Madrid, pensándose ya en otra ciudad para emplazarla.

El obispo don Diego de Rojas Contreras interviene para calmar los ánimos, negocia con cabecillas de la revuelta y envía un mensaje al rey justificando los hechos y solicitando el regreso del amado rey a la capital de sus reinos.

Así plasmó Francisco de Goya aquellos últimos momentos

 

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(Casa de las Siete Chimeneas-Madrid Centro)